ADVERTENCIA

Este blog incluye varios links a sitios porno. Estos sitios los visito frecuentemente y me consta que son seguros y a lo que más llegan es tirar unos popups ofreciendo leseras cuando uno aprieta PLAY o hace click en alguna parte de la ventana. Tú simplemente ciérralos y disfruta tu video en paz. Si tu computador hace otra cosa que te asuste, cierra todo y me avisas para tomar ver si es necesario corregir algo.

domingo, 29 de julio de 2012

Cine en su casa: Dirk se llamaba Johnny

Johnny Wadd puede ser el detective peor actuado de la historia del porno, pero cuando se tiene un pene de más de veintitantos centímetros, la verdad es que da lo mismo. Presentamos en SPS una de las varias películas de la serie de Johnny Wadd, que le valieron notoriedad a John Holmes, el actor porno más famoso en la historia del porno. Información sobre este caballero encontrarán con un googleo elemental así que aquí nos limitaremos a hacer algunos alcances menos frecuentes.

Lo primero es el hecho de que un actor porno hombre sea tan famoso. Esto es un hecho notable en una industria en que, contrario a lo que se podría pensar, el material menos valioso es el masculino (en el porno heterosexual, claro). La idea la leí en Porn, de Robert Stoller, una especie de estudio etnográfico sobre el cine pronográfico norteamericano de inicio de los noventa. Según lo que reportaban los informantes de Stoller, en la industria del porno los actores se mantienen por más tiempo que las mujeres. La industria funciona sobre la base de presentar caras nuevas constantemente y de ahí que la rotativa de mujeres sea cada vez más rápida. Lo interesante es que, en el camino, las mejores nenas ganan muy por sobre lo que ganan los hombres. A la hora decisiva, además, el trabajo pesado se lo llevan los hombres. Donde las niñas pueden usar todo tipo de lubricantes para poder ejecutar aún sin deseo, la única misión de un actor porno es tener y mantener una erección a pedido, según lo requiera una escena o un director. Y hay que ver que pocos son capaces de ese nivel de desempeño.

Lo segundo, es que siempre es bueno ver porno setentero porque le recuerda a uno la parte buena de la pornografía. Y esa parte es lo importancia que se le asignaba al cachondeo sicológico. Hoy por hoy la cosa gringa es bastante mucho más directa y fome en ese sentido. Se presenta la carne y se pasa a la acción, con posiciones específicas y hasta en la misma secuencia. Cero historia, cero contexto más allá del básico. Y eso es más fome porque da menos para pensar. Y sexo sin ideas no es sexo, como pensamos aquí los seguidores de SPS. Y esa es en gran parte la ventaja de estas películas setenteras. A pesar de las ediciones pobres, las actuaciones ridículas y los guiones elementales, estas pelis son más veibles y cachonderas simplemente porque entienden que un componente de la excitación sexual es el contexto sicológico del sobajeo. Dos personas (o tres o más, según cómo venga la fiesta) haciendo cochinadas son bastante parecidas a cualquier otra. La calentura viene más bien en el contexto: esos dos cuerpos pueden ser un doctor y su enfermera, parientes (como en Taboo 2), amigos de toda la vida, completos desconocidos, o puede ser un detective con un pene gigante y una testigo difícil.

 Lo tercero es que siempre es interesante ver cine porno con personas más bien normales. Y eso es una marca inigualable del porno pre-ochentero. Debido a las restricciones y reprobación social a la que estaba sometida la industria porno en esos días, la niñas y los niños lindos se metían poco en estas cosas. El desarrollo mínimo de la cirugía plástica aseguraba también la presencia de cuerpos perfectamente normales, naturales y, por definición, entonces, bellos.

Lo cuarto es que esta peli tienen un valor para los cinéfilos obsesivos como uno. Johnny Wadd, mal que mal, no es sino la versión real de Brock Landers, el detective que hacía famoso Dirk Diggler, en esa película preciosa llamada Boogie Nights, de P. T. Anderson. Y sí, Dirk Diggler es en realidad John Holmes y, por lo tanto, mucho de lo que sale en la peli es la pura y santa verdad. Y se queda corta, de hecho.

Y punto aparte es la aparición de entradita de Annette Haven (aquí con otro nombre, seguramente Verónica Taylor), una de las actrices porno más raras de la historia del porno por ser muy bonita y además poder actuar decentemente. "Tell them Johnny Wadd is here" ("Díles que Johnny Wadd está aquí") no es la mejor película de Bob Chinn (director único como pocos), pero al menos tiene mucho de esa ansia inocente de hacer buen cine con una idea mala y en el género equivocado.

 

1 comentario:

Remis dijo...

Me pongo de pie y me visto de etiqueta... Articulazo! A favoritos de una

Publicar un comentario